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La sensación del olfato

Inconscientemente, también a nosotros nos estimulan o inhiben sexualmente aromas eróticos o antieróticos. Recién en los últimos tiempos se investigó este fenómeno y se comprobó que la transpiración axilar humana consta entre otras, de sustancias que se asemejan a la hormona sexual masculina Testosterona. En diferentes estudios se comprobó también que solo las mujeres con los ovarios intactos pueden oler determinados componentes de perfume (Exaltolid). Los hombres, en cambio, no pueden percibir esta sustancia y tampoco las mujeres a quienes se les había extirpado los ovarios. Otro resultado interesante de estas investigaciones científicas fue comprobar que, en general, la sensación del olfato es más remarcada en las mujeres que en los hombres.

Sentido del olfato

El sentido del olfato es muy importante en la conducta reproductiva y sexual. Lo vemos muy claramente cuando observamos el mundo animal. En casi todos los animales el olor es un factor muy importante en la conducta sexual. El cortejo y el apareamiento tiene lugar respondiendo a determinados estímulos y señales de olores. Por ejemplo los perros, con su olfato mucho más sensible (pueden distinguir sustancias 9.000 veces diluidas) pueden oler una hembra a una distancia de dos a tres kilómetros. Más impresionante aún es la capacidad de olfato del gusano de seda que puede distinguir a su hembra a diez kilómetros de distancia.

Las fragancias

La explicación es que nuestra piel tiene innumerables glándulas sudoríferas y aromáticas, que segregan un olor corporal muy definido e individual. Este aroma individual a su vez depende de nuestro estado de ánimo en ese momento. Si tenemos angustias, estrés o temores, generaremos un aroma distinto del que emanaremos si estamos tranquilos y serenos. Por ejemplo, los caballos y los perros pueden reconocer nuestro miedo “olfateando” el olor característico que se produce. Cuando ingerimos determinados alimentos, también se modifica el olor que segrega nuestro cuerpo. Esto se muestra en forma muy evidente al día siguiente de haber comido ajo.

Fragancia natural

La alegría y el placer de comer en consecuencia también están relacionados con una función intacta del sistema olfativo. Con seguridad, más de uno se habrá preguntado, por qué al efectuar una prueba de vino, éste primero se “mastica” y luego recién se lo traga. Este procedimiento se debe a experiencias relacionadas claramente con la estrecha relación entre el sabor y el olfato: el aroma de un vino recién puede ser comprobado al masticarlo, pues así el sabor del mismo sube lentamente a través de la región olfativa, donde se puede desarrollar.
El olfato también es muy importante para nuestra conducta social, lo que también se expresa en diversas expresiones populares. Así podemos diferenciar al “amigo” del “enemigo” guiándonos simplemente “por nuestro olfato”. Si no podemos “oler” a alguien, no significa que esta persona no despida ningún olor, más bien se trata de lo contrario: si no nos dejamos “llevar de la nariz” y “tenemos activos nuestros cinco sentidos”, notaremos que esta persona tiene un aroma que nos es desagradable, a veces incluso repugnante.

Fragancia

El sentido del olfato además es muy importante para la percepción del sabor; una relación que seguramente es conocida por todos. Por ejemplo, si por un simple resfrío nuestro órgano olfativo nos niega el servicio, el sabor de la comida será aburrido, aunque nuestra lengua no haya perdido la capacidad de saborear. Al contrario de nuestro sentido del olfato, nuestro sentido del gusto es muy sencillo, pues solo diferencia entre dulce, agrio, amargo y salado. Los finos matices y las delicadas variaciones que destacan una buena comida recién pueden ser percibidas por los estímulos olfativos que llegan a través de la cavidad nasal posterior a las células olfativas. Otra habilidad de nuestro sentido del olfato consiste en estimular la secreción de jugo gástrico con solo aspirar el aroma de la comida, lo que permite preparar y apoyar la digestión de la misma ya antes de saborearla.

Perfumes y fragancias

La mayoría de las sustancias tóxicas salvo algunas pocas excepciones tienen un olor muy desagradable o cáustico. En consecuencia, solemos taparnos rápidamente la nariz, llenos de asco, y nos protegemos de las consecuencias de un envenenamiento, como la paralización del sistema respiratorio o las náuseas. Este sistema de advertencia temprana se encuentra en la mucosa olfativa en la región olfativa. Allí se encuentran fibras transmisoras del dolor, que son estimuladas por sustancias irritantes y que transmiten estas informaciones al cerebro. A través del cerebro se generan determinados reflejos defensivos que actúan de acuerdo con el tipo de sustancia tóxica. Los estornudos, las lágrimas y los ahogos son solo algunas de las reacciones que protegen nuestra salud de las sustancias peligrosas que se encuentran en el aire. Es interesante saber que la menta y el mentol también contienen sustancias que estimulan las fibras nerviosas transmisoras del dolor de la mucosa olfativa. Puede sentir este efecto inmediatamente al inhalar rapé: seguramente tendrá que estornudar y las lágrimas comenzarán a fluir.

Fragancias

Las fragancias y los olores que acompañan constantemente nuestro quehacer cotidiano tienen efectos muy variados, acordes con su intensidad y con el sentido del olfato individual. Por ejemplo, si inhala el aroma dulzón floral de una rosa, si al pasear percibe el agradable aroma de una pradera con el pasto recién cortado o los efluvios aromáticos de la resina de los pinos en el bosque, sentirá sensaciones de bienestar, de relajación y de sosiego. El aroma característico del ser amado también ejerce una influencia agradable, a veces incluso estimulante, sobre nuestros sentidos. Esta aptitud de nuestro sentido del olfato que en primera línea provee al bienestar, se complementa con una función protectora de vital importancia, que nos advierte de la existencia de elementos perjudiciales en nuestro entorno más inmediato. Nos protege del peligro de aspirar vapores o gases perjudiciales para nuestra salud.

Sentido del olfato

Sin embargo, es un hecho que nuestro sentido del olfato ya no es tan importante para asegurar nuestra existencia; nuestra supervivencia no depende ya exclusivamente de nuestra buena nariz. Este sentido más bien se ha adaptado paulatinamente a las exigencias y evoluciones de nuestro entorno, modificándose de acuerdo con las mismas. Si se lo compara con los comienzos de la historia humana, lo que quedó es una reliquia mutilada. Al realizar investigaciones entre los indios de una tribu aislada de la selva brasilera se notó la diferencia entre una nariz “actual” y una nariz “original”: los indios apenas percibían la fragancia de un perfume, pero olían un animal que aún no podía verse.
Sin embargo, podemos desarrollar nuevamente nuestro olfato mediante un entrenamiento adecuado y una toma de conciencia del mismo, para que nos pueda brindar servicios estimulantes para la salud, que es uno de los objetivos más importantes de la aromaterapia.

Fragancia de perfumes

Importancia de nuestro sentido del olfato y sus funciones
Una percepción de olores que funcione bien fue, y seguramente lo es aún en la actualidad, aunque quizás de otra forma, de importancia trascendental para la supervivencia del ser humano. En épocas lejanas nuestros antepasados necesitaban su sentido del olfato para protegerse de animales salvajes y para encontrar alimento. Los alimentos también se controlaban con la nariz para poder distinguir, por ejemplo, carne en buen estado de la que no lo estaba. Actualmente seguimos utilizando primero nuestro olfato al analizar el estado de los alimentos.
Si observamos la evolución de la historia, el sentido del olfato de los seres humanos de otras épocas era mucho más pronunciado, ya que les garantizaba la supervivencia en la naturaleza. Hemos perdido la capacidad de seguir la huella de un animal en el bosque confiando solamente en nuestro olfato o la de presagiar el tiempo guiándonos por un determinado aroma en el aire. Un distanciamiento de la naturaleza que se acrecienta, pero también un aumento de la contaminación ambiental, influyen enormemente en nuestra capacidad de oler. Llama la atención que los fumadores, que constantemente inhalan humo, no sientan esta disminución, lo que fue corroborado por el resultado de muchas investigaciones.

Mejores fragancias

La mayoría de los terapeutas extrañan actualmente una base científica moderna que ayude a sustentar sus investigaciones de la aromaterapia. Martin Henglein, el conocido terapeuta de Munich, constató: “Ninguno de los cinco sentidos ha sido explorado hasta ahora tan poco como el del olfato. No sabemos cómo se originan los olores, ni cómo las moléculas de los olores se transforman en lo que nosotros llamamos olor. Aún no existen denominaciones acertadas para las impresiones que los aromas desatan en nosotros y no hay un proceso de medición que permita transformarlas en datos objetivos físicos o químicos”.
Como resultado importante para la investigación científica se llegó a la conclusión de que unas pocas partículas de sustancia pueden provocar un estímulo del olfato, así como el conocimiento de que solamente pueden olerse materias que se evaporan o que son solubles en agua y en aceite, sin embargo es una conclusión muy pobre. En consecuencia, para el futuro sólo puede esperarse que no se tarde mucho en registrar avances en los ya mencionados proyectos de investigación.


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