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Historia de la aromaterapia

Historia de la aromaterapia
El tratamiento con sustancias aromáticas naturales y con los aromas es tan antiguo como la humanidad misma. Mucho tiempo antes de utilizarse las esencias vegetales con fines medicinales, las plantas fueron de vital importancia como alimento. Al buscar diariamente los alimentos, se controlaban las plantas con los ojos y con la nariz para verificar si eran comestibles. Al hacerlo, nuestros antepasados adquirieron conocimientos importantes sobre plantas tóxicas, no comestibles, pero también sobre plantas comestibles y de muy buen sabor. Se comprobó que muchas plantas, cuando se ingerían, no solo satisfacían el hambre, sino que también tenían otras virtudes: algunas estimulaban la digestión y dejaban una sensación agradable en el estómago, y otras por el contrario provocaban náuseas o malestar físico.

El aceite de geranio es otro aliado fragante contra plagas

El aceite de geranio es otro aliado fragante. Untar una tintura compuesta de cuatro cucharaditas de aceite de soya y dieciséis gotas de aceite de geranio en todo el cuerpo, antes de salir a la aventura, mantiene acorralados a la mayoría de los insectos.
Los aceites esenciales también son soldados firmes en la infantería de jardineros. Regar las plantas con una solución de cinco gotas de lavanda y diez gotas de tomillo en el agua suficiente, agitada a fondo para asegurar que los aceites estén bien dispersos, deberá mantener la mayoría de las plantas libres de insectos. Asimismo, cinco gotas de aceite de clavo y diez de salvia mezclados con mucha agua y regados regularmente sobre el jardín.
Para plantas que ya están infestadas, se evoca un tratamiento más fuerte. Rociando una planta con un compuesto de cinco gotas de lavanda, cuarenta de hinojo y dos onzas líquidas de agua, debe deshacerse de la bestial plaga.

La Aromaterapia en el lugar de trabajo

La Aromaterapia en el lugar de trabajo
El lugar de trabajo moderno, ya sea una oficina, un almacén o una fábrica, es un trabajo de tensión y fricción. La presión de tener éxito en la atmósfera de invernadero, donde la propia supervivencia es frecuentemente un reto, es intensa. La Aromaterapia puede ayudarnos a todos a tomarnos las cosas con calma y sobreponernos en una delicada nube perfumada.
Aquellos que tienen la fortuna de tener su propio espacio
donde trabajar pueden escoger los aceites que mejores les parezcan. Aquellos que trabajan junto con otras personas deben tomar en consideración los sentimientos de sus colegas y obtener su aprobación antes de introducirlos a las delicias de los aromas que influyen en el estado de ánimo. Es posible que se lleven a cabo varios intentos antes de encontrar una fragancia aceptable para los órganos olfativos de todos, pero bien vale la pena el tiempo que pueda llevarse.
Son varias las maneras en que se pueden difundir los per-lumes: un simple pebetero, en el cual se han salpicado unas cuantas gotas de un aceite favorito, puede ser apropiado; un plato hondo pequeño de una mezcla adecuada de aceites, puesto sobre una fuente de calor, endulzará el aire y hará desaparecer a la dama Tensión; de manera similar, la base de una lámpara, una base hueca sobre la cual descansa una bombilla eléctrica, difunde el aroma del aceite que está adentro cuando la bombilla está caliente. Los más opulentos podrían considerar la compra de un atractivo vaporizador ornamental de barro, o hasta un perfumador eléctrico.
¿Qué fragancias utilizar? La experiencia sugiere que los aromas más adecuados para el ambiente de trabajo son aquellos de la familia verde, que son redolentes de pino, ciprés y enebro, o sus hermanos los cítricos con sus fragancias acidas de limón, naranja, lima y toronja.

LOS ENTORNOS PERFUMADOS

Muchas y variadas son las fragancias v las atmósferas
que se pueden crear en el aire desterrando el aire viciado de los rincones y las grietas de la casa. Son muchos y variados los medios que tiene a su disposición para hacerlo, pero uno de los más simples y efectivos de todos es el llenar una botella con atomizador con agua destilada y agregar algunos aceites esenciales, para rociar el aire con una rica aspersión de la belleza.
Para llenar un cuarto con la fragancia del bosque, vierta cuatro onzas líquidas de agua destilada en la botella y agregue cincuenta gotas de pícea, veinticinco gotas de lavanda y de eucalipto y veinte de cedro. Casi oirá el crujir de agujas de pino bajo sus pies mientras camine del escritorio al decantador.
Para una atmósfera más de especias, rocíe una mezcla de la misma cantidad de agua dentro de la cual ha hecho llover diez gotas de lima, quince de clavo, veinte de jengibre, de canela y de anís y treinta y cinco de alcaravez. Cerrar los ojos y respirar profundamente es ser llevado a un mercado Zanzíbar de especias, donde el clamor de los aromas compite por su atención.
Disfrute de un paseo imaginario en un jardín de flores lavorito inundado con brotes de colores fuertemente perfumados al rociar el cuarto con diez gotas de jazmín, quince de canela, veinte de clavo, veinticinco de rosa y cincuenta de naranja, todos mezclados en cuatro onzas líquidas (110 mi) de agua destilada.
Y aquellos que encuentran que un fuerte olor a limón añade un poco de gracia, no necesitan más que mezclar diez gotas de pachulí y de naranja, cincuenta de toronja y la misma cantidad de lima, una vez más con cuatro onzas líquidas de agua destilada, y rociar el cuarto de manera correspondiente.
Una refrescante atmósfera de menta se puede lograr rociando una mezcla de cuatro onzas líquidas de agua destilada con diez gotas de lima, de hierbabuena y de benjuí, veinte de romero, treinta de lavanda y cuarenta de menta verde. Llenar los pulmones con aire refrescado por este intoxicante aroma despeja la cabeza de manera gloriosa y le da ánimo para enfrentar cualquier cosa que el mundo pueda querer arrojarle.

La lavanda

El hecho de que la lavanda se ha utilizado por mucho tiempo para perfumar el agua de baño, se evidencia por su mismo nombre que proviene del latín lavare, que significa “lavar”, pero es más, mucho más que sólo la fragancia gentil tan amada por las integrantes mayores del sexo bello.
La gentil lavanda es un generoso equilibrista de habilidad extraordinaria, tranquilizante y sedante, estimulante y vigorizante, según las necesidades del cuerpo. Aplicada en limpio sobre la piel, estimula la curación de quemaduras con la mavor diligencia.
La lista de fiebres y malestares que pueden ser tratados con la valiente lavanda a desde abscesos y acné hasta migrañas y dolores musculares.
Se dice que unas cuantas gotas de aceite de lavanda agregadas a la propia agua de baño ayudan a disminuir la horrible celulitis. mientras que se recomienda agregar dos antas al enjuague final después de lavar el cabello con champú, para aquellos cuyas glándulas sebáceas demasiado activas dan a su cabello una textura grasosa.
Los cohechadores de lavanda francesa pusieron en evidencia los sorprendentes talentos de su cosecha curando dolores de cabeza al meter un ramilo bajo sus sombreros, mientras que Carlos VI, quien gobernó aquella bella tierra durante el tiempo de Agincourt. insistía en que sus almohadas y cojines estuvieran rellenos con el arbusto fragante. ¡El hecho de que haya perdido contra Enrique V de Inglaterra en la batalla antes mencionada, de que fuera conocido como Carlos el Tonto y de que haya muerto loco, no es reflejo de su gusto por la lavanda!
Durante siglos se han puesto bolsitas de lavanda en fundas de lino y armarios para perfumar levemente los blancos y la ropa guardada en ellos.


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